ARGENTINA
LA MALDITA FAMILIA:
UN CLAN DESQUICIADO, ENTRE EL HUMOR Y EL DESAMPARO


La cartelera teatral 2005 se acerca a su fin, pero aún quedan propuestas muy apetecibles para despedir el año. En una amplia habitación de un PH sobre la avenida Boedo, a metros de Independencia, el joven director Claudio Tolcachir montó una comedia dramática, arrasadora por la fuerza de los conflictos y la solidez de las interpretaciones. Verla a pocas semanas de las Fiestas, con sus casi inevitables reuniones familiares, resulta una experiencia catártica y hasta sanadora.

Es que La omisión de la familia Coleman exhibe un clan tan desquiciado que la propia familia, en comparación, puede resultar una delicia. Los personajes en cuestión son una abuela agonizante (acaso la más lúcida del grupo, pero cómplice al fin), su hija Memé, totalmente inmadura y madre, aunque no lo parezca, de cuatro jóvenes: uno marginal y violento, un freak perturbado, una acelerada que “ascendió” a través del matrimonio y otra que se las rebusca dignamente cosiendo ropa.

Los diálogos y los movimientos son siempre enérgicos, eléctricos, como si todos intentaran algún tipo de escape o satisfacción en una convivencia imposible. Canillas que no cierran, muebles despedazados, falta de gas, poca comida, bastante alcohol y pastillas como marco para una marea de desencuentros frenéticos que asoman sin pudor.

Una exposición grotesca que lleva a la risa hasta que la enfermedad de la abuela propone un cambio de encuadre: de la casa a un cuarto de hospital en una transmutación escenográfica sintética y muy bien lograda que lo tiñe todo de otro color. El humor no decae, pero desnuda horrores inesperados: incesto, robos, engaños, favores sexuales, nuevas enfermedades y un dolorosísimo desamparo final.

En el elenco se destacan Ellen Wool (la abuela), Mirian Odorico (la madre) y Lautaro Perotti como Marito, el hijo enajenado cuyo cuerpo y voz estremecen mucho antes de que su verdad estalle.
Por Carolina Prieto