Reseñas y Críticas

MUJER Y CARNICERO
DEL TEATRO EL OJO DE COSTA RICA
Estación Obligatoria
Desde que fundó el Teatro Quetzal, junto con Rubén Pagura, en 1990, el director y dramaturgo Juan Fernando Cerdas se ha dedicado, casi de modo exclusivo, a la escenificación de espectáculos unipersonales, sustentados por medio de concepciones teóricas y estéticas originales e interesantes, aunque para mí en la práctica no siempre conmensurables con los resultados artísticos obtenidos.

Disuelta la asociación con Pagura de manera amistosa hace unos meses, en fecha reciente Cerdas fundó el Teatro El Ojo en compañía de la actriz y bailarina Flor Urbina. La presentación inaugural ha sido Mujer y carnicero, espectáculo unipersonal interpretado por Urbina, que se estrenó el jueves en el teatro Fanal, y que Cerdas dirigió y dramatizó con base en su propia adaptación de dos relatos breves del dramaturgo y escritor alemán Heiner Müller (1929-1995).

Uno de los relatos tiene ese mismo título; el otro se titula La cruz del hierro. En la puesta en escena, los cuentos se presentan de manera paralela y alterna, y la actriz a la vez narra oralmente la fábula y encarna los personajes.

Según expone Cerdas en las notas del programa de mano, para el montaje se sirvió de los planteamientos estético-dramáticos de Müller y en su propia experiencia teatral con el genero unipersonal y con la “disociación del os recursos expresivos actorales”. Esta disociación la explica así: “La actriz no está en función del personaje, sino que los personajes son función suya. Su trabajo no se limita a la ilustración (?) del argumento, sino que examina valores (?) de nuestra época. Así buscamos un nuevo vínculo del espectador con el teatro, que active otras formas de percepción de los conflictos y de las conductas humanas”.

En cuanto al vínculo con la estética teatral desarrollada por Müller; la escenificación quizá responda al propósito de lograr un “fragmento sintético”. Los fragmentos sintéticos son “obras fragmentarias no por inacabadas, sino porque exigen la colaboración activa del lector/espectador para la creación de una totalidad de sentido” En opinión del crítico Jorge Riechmann, las obras de Müller muestran, a partir de 1970, una “disolución progresiva de lo dramático”, es decir; la consistencia teatralmente específica de los personajes se diluye y de sujetos de la acción pasan a ser los portadores del discurso (?). En lugar de teatro de conflicto dramático, un teatro de voces.?

En lo íntimo, me opongo a esta propensión discursiva en el teatro pues la estimo pesada e inoperante sobre el escenario, ante todo debido a que, en mi experiencia, los resultados artísticos son a menudo soporíferos y opacos y de ningún modo me inducen a colaborar de manera activa en la creación de una “totalidad de sentido”.

Sin embargo, esta limitación de mi panorama crítico y estético no le resta méritos a la seriedad de los planteos dramatúrgicos de Cerdas, ni a las virtudes expresivas del desempeño histriónico y corporal de Urbina, ni al pertinente dispositivo escenográfico y vestuario sencillo diseñados por Pilar Quirós, ni a la iluminación eficaz de Jody Steiger; ni a la musicalización sugestiva de Alejandro Cardona.

Con duración de 50 minutos, mujer y carnicero, espectáculo unipersonal interpretado pro Flor Urbina, dramaturgia y dirección de Juan Fernando Cerdas, sobre la base de relatos de Heiner Müller, es estación obligada para quienes se interesan en le actual vía crucis del teatro costarricense.
(Andrés Sáenz, periódico La Nación, Costa Rica, 3 de mayo de 2004)