PRENSA
ARTE Y ENCUENTROS EN PANAMÁ: II FESTIVAL INTERNACIONAL DE ARTES ESCÉNICAS
DANIEL DOMÍNGUEZ Z
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ddomingu@prensa.com

Para entender en su justa dimensión los beneficios del Festival Internacional de Artes Escénicas de Panamá (FAE), es menester acercarse al espejo para ver quiénes somos y qué debemos esperar de nosotros.
El primer espacio formal para teatro se dio en Panamá en 1850, cuando el español Mateo Furnier inauguró una sala que funcionaba los jueves y domingos. Aunque desde entonces se han dado avances, todavía estamos en ciernes en cuanto a montajes de calidad y apoyo del público, y al compromiso del Estado y la empresa privada con el arte en general, y las artes escénicas en particular.

Es necesario resaltar una deficiencia en concreto: nos falta tener, de manera regular, una recepción más constante de espectáculos extranjeros que nos permita saber qué pasa fuera de nuestras fronteras, para entonces preguntarnos cómo estamos en relación con el desarrollo de las artes escénicas. Las novedades de la escena extranjera que llegan son contadas con los dedos de una mano y en ocasiones la respuesta de la audiencia no es la mejor, incluyendo a los artistas locales, que poco asisten.

A esto hay que añadir que nuestros teatristas no van con la frecuencia necesaria a encuentros foráneos ni como participantes ni como espectadores. ¿Motivos? Falta de recursos económicos para su traslado, carencia de convocatorias, ausencia de trabajos dignos de mostrar o simple conformismo.

Aunque la mayoría de las salas, especialmente las comerciales, están ocupadas durante casi todo el año con montajes nacionales, en éstos predomina obviamente lo convencional y rentable más que la búsqueda o lo experimental.

En cuanto a eventos como este, el único antecedente serio del FAE se remonta a 1976, cuando en nuestro país se realizó el Primer Festival Mundial de Teatro, como una extensión del de Caracas, que presentó montajes de 13 países, incluyendo a Panamá.

Esto nos ha mantenido en situación de desventaja, pues, sin ir más lejos, en El Salvador existe un Festival Centroamericano de Teatro hace más de diez años y en Nicaragua realizan el ahora Festival de Monólogos, Diálogos y más desde hace un poco menos. Ni hablar de festivales cercanos de gran formato como los de San José (Costa Rica) y Bogotá.

Por eso el Festival Internacional de Artes Escénicas de Panamá se ha convertido en un interesante punto de encuentro y de aprendizaje, como bienal independiente que pretende concentrar, durante una semana, una muestra variada y representativa de lo mejor del teatro y de la danza contemporánea del mundo, con énfasis en Iberoamérica.

En su primera versión, en julio de 2004, el FAE presentó los montajes teatrales Mujeres en la guerra, de Colombia; Mujer y carnicero, según Muller, de Costa  Rica; La secreta obscenidad de cada día, de De la Parra, de Chile y las compañías Bridgman Packer Dance de EE.UU., Delfos de México y el montaje de danza-teatro, Cabanga, por Panamá. La Zaranda de España estuvo programada para abrir el evento con Homenaje a los malditos, pero no pudo llegar por problemas mayores.

Ahora, entre el 29 de marzo y el 4 de abril pasados volvió esta fiesta de las artes escénicas a nuestra ciudad, teniendo como punto central la principal sala del país: el Teatro Nacional, mientras que el espacio cultural La Casona recibió las propuestas alternativas y en el Teatro La Quadra y la Academia Steps se llevaron a cabo conversatorios, clases maestras y talleres entre los integrantes de los grupos invitados y los creadores locales.

Teatro y danza se tomaron la tarea de exponer los dilemas, frustraciones y alegrías del hombre desde una visión estética. Este compromiso crítico se planteó en el escenario por colectivos provenientes de Argentina, Chile, Costa Rica, Colombia, España, México y Panamá. Todos los grupos extranjeros visitaban por primera vez el Istmo y la mayoría no había estado anteriormente en esta región latinoamericana, por lo que la experiencia les fue doblemente enriquecedora.
Este segundo festival tuvo un presupuesto aproximado de 180 mil dólares y fue organizado por la Fundación pro Artes Escénicas y Audiovisuales, con el liderazgo del gestor cultural Roberto Enrique King.  El FAE, indica su productor general, "no es sólo una gestión que enriquece a nuestros artistas, a nuestro público y a nuestra imagen como país pujante e inquieto culturalmente, sino que también puede enriquecer nuestra economía, pues tiene el potencial suficiente para llamar progresivamente la atención de artistas y turistas a nivel regional y continental, lo que repercutirá en ganancias para diversos sectores sociales".

Agrega King que la razón fundamental para realizar esta actividad radica en el hecho de que "el teatro y la danza son las dos disciplinas menos cualitativamente desarrolladas en Panamá, debido a la falta de tradición y de políticas culturales definidas, deficiente formación de los artistas, pocas oportunidades de actualización, baja demanda del público y limitado apoyo de parte del Estado y de la empresa privada".

En este contexto, señala que el objetivo del FAE es "contribuir a mejorar la calidad de estas manifestaciones escénicas, en el marco de un lenguaje contemporáneo, al tiempo que estimular la creación de un público formado e interesado, que sustente y garantice la continuidad y desarrollo de éstas".

Ante la pregunta de si hay estrategias para regionalizarlo la respuesta de King es la siguiente: "También los enanos comenzaron pequeños es el título de la película de Herzog. Con esto te quiero decir que el festival irá creciendo y quemando etapas en la medida en que esté preparado para hacerlo, sin apuros".

En cuanto a integrarlo a un circuito regional, precisamente se cambiaron las fechas del festival de julio, mes en el que se realizó en 2004, cuando intentamos crear un mini circuito con los festivales de El Salvador y Nicaragua, para finales de marzo-inicios de abril, con el fin de insertarlo en el medio de los festivales de San José, Bogotá y Caracas".

Para intentar implementar este circuito King conversó sobre el tema hace dos años, en el Festival Teatro a Mil en Santiago de Chile, con Claudia Urdaneta, del Festival de Caracas y Adela Donadio, del de Bogotá, quienes estuvieron de acuerdo. Posteriormente se contactó con Marianella Protti, del Festival Internacional de las Artes de Costa Rica. Todas les facilitaron sus programaciones y contactos, para intentar que algunos grupos que estuvieran considerando vinieran antes o después a Panamá.

Pero, aunque se hicieron las gestiones del caso, no logró captar "a ninguno de los grupos invitados a estos festivales, por razones económicas o de fechas comprometidas. Sin embargo, seguiremos en circuito y estoy seguro que para el 2008, pues los cuatro festivales son bienales, le sacaremos un buen provecho, especialmente nosotros que somos los que estamos empezando y más lo necesitamos".